20.5.13

Pepe Luis: sencillo, humilde, inmenso



En enero del pasado año firmábamos un artículo de opinión en la desaparecida revista Siglos de Toros, titulado "El toreo en nueve décadas". Cumplía Pepe Luis Vázquez Garcés noventa años. Veníamos a recordar de qué forma, en marzo de 1996, tuvimos la inmensa fortuna de encontrarnos cara a cara con el maestro en La Ponderosa, aquella enorme cafetería de la Gran Plaza que dejó de existir hace ya varios años. Lo recordábamos, lo recordamos con todo el cariño ahora que acaba de dejarnos para siempre, como un hombre de una sencillez y una humildad apabullante, sorprendente, modélica, alejado de forma voluntaria y serena del que había sido su exclusivo mundo en la infancia, la adolescencia y la temprana madurez. Pero siempre se pronunció hacia la tauromaquia con el respeto y la gratitud que dejan el buen recuerdo.

Aquella mañana, el veterano maestro nos ofreció un repaso de su trayectoria profesional, un periplo relativamente corto: 12 temporadas como matador más la última de la fugaz reaparición en 1959. El torero de Sevilla por excelencia, que dejó los toros en primera instancia con 32 años, pasó casi de puntillas a través de los pormenores de sus éxitos, de sus tardes memorables. Con la elegancia de aquellos que no saben darse importancia. Con 568 corridas de toros a sus espaldas, fue el diestro que más toros de Miura lidió en la Maestranza de Sevilla. En Las Ventas compareció 47 tardes, cinco corridas de Beneficencia entre ellas (1942, 43, 49, 51 y 59), tres del Montepío (41, 42 y 51) y otras tantas de la Prensa (43, 46 y 51).

Su cabeza privilegiada le hizo merecedor de un peculiar apodo: el Sócrates de San Bernardo. Aunque poco dado a mostrarse en público, de las contadas entrevistas que concedió pueden extraerse jugosas reflexiones, sentencias moderadas y juiciosas. Pero siempre, como en la vida, como en su toreo, desde la elegancia de mostrarse sencillo, natural y sincero. Esta es una selección de las frases más ocurrentes que nos regaló el maestro Pepe Luis durante aquella inolvidable entrevista, una mañana de marzo de 1996.

- El silencio de Sevilla no se percibe en ninguna otra plaza.
- Con 15 años era complicado encontrar un traje de mi talla, por aquel entonces pesaba 48 kilos.
- Claro que me gustaba matar corridas de Osborne o Murube, pero no tenía más remedio que pechar con todo. Como todos saben, tuve amplia experiencia con el hierro de Miura.
- Los gestos de matar corridas duras salían de nosotros mismos. Un profesional con conocimiento cabal de su profesión puede y debe resolver la papeleta sin excesivos problemas.
- Rafael el Gallo decía que los miuras eran iguales al resto de los toros. El problema era nuestro, de los toreros, que con la preocupación pasábamos la mañana entrando y saliendo del retrete. Por la tarde no quedaban fuerzas ni para coger los trastos.
- Un torero puede estar deslucido, pero jamás debe achicarse.
- El toro que salía en Sevilla, en pleno inicio de la primavera, tenía más brío, era más dificultoso.
- Madrid era una plaza que también tenía sus problemas, aunque bastantes menos que ahora.
- En términos generales, había mejores aficionados en mi época. Ahora parecen exigir más cantidad que calidad a los toreros, como para rentabilizar el precio de la entrada.
- Me fui de los toros con 32 años y volví fugazmente con 37. Yo creo que el público se cansaba de vernos torear después de ocho o diez años.
- Dejé de acudir a ver toros a la plaza porque se sufre demasiado y, además, no puedes hacer nada si percibes que algo está saliendo mal en el ruedo.

17.5.13

Chet Baker, Toño Llaguno y un utrero en San Mateo (I)



(También disponible en www.fernandomartinezhernandez.com)

El reputado ganadero de bravo don Antonio Llaguno González pasó a mejor vida en 1953 y legó a su primogénito José Antonio —Toño Llaguno para el orbe taurino— las riendas de la divisa de San Mateo, aquella que inaugurara la inmensa Monumental Plaza México un 5 de febrero de 1946 junto a una terna excepcional: Luis Castro El Soldado, Manuel Rodríguez Manolete y Luis Procuna. Los cambios fueron un poco más allá de la mera formalidad de una herencia de padre a hijo. De entrada, toros, vacas y sementales se trasladaron desde la hacienda El Sauz, en Valparaíso (Zacatecas), a la finca Rancho El Cuarto, en Villa Jiménez (Michoacán), cerca de Morelia. Era un personaje sumamente interesante, este Toño Llaguno. Sordomudo de nacimiento, esa compleja tara no le impidió dedicarse en cuerpo y alma, y hacerlo además con sobrado éxito, a una de las pasiones que le inocularon desde pequeño.

El joven criador, tan cordial y educado en su vertiente de personaje social como solitario y ensimismado en según qué circunstancias, cultivó otra pasión hasta cierto punto inexplicable y de la que solo tenían constancia sus más íntimos: nada le proporcionaba mayor estado de paz que acercarse a un local de Morelia —el 35 Jazz Club &Dub—, tomar asiento lo más cerca posible del escenario, pedirse un trago largo de tequila José Cuervo Black, solo uno, encenderse un Montecristo Edmundo, uno solo, y marcar con los dedos índice y corazón de su mano izquierda sobre el mármol de la mesa redonda un ritmo que, cabe suponer, simplemente intuía. Su camarero de confianza en el local, un tal Salomón Ochoa, otro fanático del jazz y la tauromaquia, le reservaba un sitio de privilegio a la izquierda del escenario, frente a un imponente Bechstein sobre cuyas teclas el sordomudo Toño gustaba imaginar el movimiento de las manos negras con dedos anillados en oro de Thelonius Monk, por poner un ejemplo ambicioso.

Aquella temporada del 53 se despedía de los ruedos Silverio Pérez, El Faraón de Texcoco, una de las mayores glorias del toreo azteca. Desde los primeros días de diciembre del año anterior, el matador decidió encerrarse en el rancho de su buen amigo Toño Llaguno y prepararse a conciencia para el adiós oficial a la profesión, programado para el 1 de marzo en la Monumental Plaza México. En el coso más grande del mundo, Silverio hizo historia después de cortar el primer rabo a Barba Azul, un toro del hierro de Torrecilla (propiedad de Julián Llaguno, tío de Toño por cierto). La gesta del Faraón no quedó ahí, pues le ganó el pulso al mismo Manolete, ilustre compañero de tantos carteles en México, con el que actuó mano a mano aquella tarde del 16 de febrero de 1946.

Una noche de sábado, a finales de enero, Toño Llaguno se hizo presente como tantas veces en el Jazz Club &Dub. Salomón, su camarero de guardia, le hizo una señal de respeto, le instó a que ocupara su mesa habitual y le entregó un papel en el que, con letra grande y redonda, podía leerse:

—El trompetista que actúa esta noche se llama Chet Baker. También canta. Americano, 24 años. Ha alternado con Stan Getz, Charlie Parker y Gerry Mulligan. Se estrena en México con su propio cuarteto.

Ciertamente, todavía no había grabado Chet sus primeras piezas para el sello Pacific Jazz, pero comenzaba a moverse con su flamante cuarteto y, en efecto, aquella noche de enero del 53 hacía su primera incursión en los escenarios mexicanos. Toño Llaguno le devolvió el papel a Salomón con un añadido en forma de doble interrogante:

—¿Quién lo ha traído? ¿Alguien lo ha visto en directo?

Salomón se encogió de hombros, dando a entender que no sabía nada, y fue a buscar un cenicero grande y el largo de José Cuervo Black. El Chet Baker Quartet estaba ya tomando posiciones en el escenario. La velada resultó, de cabo a rabo, inolvidable.

9.5.13

Largo y poco rematado (para no perder la costumbre)



(Publicado en oclise.com)

24 tardes, una detrás de la otra, sin solución de continuidad. Ya tenemos nueva isidrada a la vuelta de la esquina, un ciclo que los profesionales de la información taurina suelen temer como a una vara verde. Se suelen alegar ciertos síntomas de atoramiento cuando se afronta la última semana. Pero pica poco la sarna con gusto, así que menos quejas. Lo peor del asunto es que la llamada feria más importante del mundo (la más larga sí que lo es, de todas todas) suele adolecer históricamente de carteles rematados. Este, además, será el año de las confirmaciones de alternativa: Ángel Teruel, Jiménez Fortes, López Simón, David Galván, Chechu y Pérez Mota. El Juli, para colmo, sigue sin ser profeta en su tierra. Ellos se lo pierden.

Los nuestros, los toreros de Sevilla, no han salido demasiado bien parados en la confección del ciclo. Sólo cinco matadores de alternativa harán el paseíllo en el coso de la calle de Alcalá: Antonio Nazaré, El Cid, Daniel Luque, Morante de la Puebla y Miguel Ángel Delgado. Una presencia casi testimonial, si bien es cierto que tres de ellos (los de Salteras, Gerena y La Puebla) son de los mejor tratados por la empresa, tanto en número de tardes como en calidad de los carteles.

Combinaciones verdaderamente redondas, o casi, hay curiosamente otras cinco. El día 16, Morante, Manzanares y Fortes se miden a un encierro de Juan Pedro Domecq. El 18 se encierra Talavante con seis victorinos (no se pierdan el spot realizado por Agustín Díaz Yanes para la ocasión). La Corrida de la Prensa del 22 cuenta con uno de los toreros más esperados, Iván Fandiño, al que acompañan El Cid y Daniel Luque ante toros de Parladé. El 23, Finito, Morante y Perera se las van a ver con seis jandillas. La tarde del 24 de mayo, en fin, Castella, Manzanares y Talavante hacen lo propio ante un encierro de Victoriano del Río.

Hasta la pasada temporada, la plaza de Las Ventas era la que mejor capeaba los efectos de la crisis. Todo apunta a que este año los llenos consecutivos no lo van a ser tanto. ¿Apuestas? Hay cosos y públicos que aconsejan ahorrarse el riesgo. Madrid, con su San Isidro tan largo como poco rematado, puede salir por cualquier sitio. Lo veremos.

22.4.13

Sorpresa sobre la campana



En cuatro lances (14ª Feria de Abril de Sevilla)

Toros de Miura, el cuarto sobrero; el sexto fue premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre.
Rafaelillo (ovación tras aviso / ovación).
Javier Castaño (ovación / vuelta).
Manuel Escribano (ovación / dos orejas).
Casi lleno. Escribano, que sustituyó a El Juli, salió a hombros por la puerta de cuadrillas.

1º) Siempre queda un hueco para la sorpresa, y resulta que llegó muy al final, sobre la campana. Un torero casi olvidado por estos lares, Manuel Escribano, se anunciaba como sustituto de El Juli en la miurada. Y, las cosas de la vida, firmó una tarde sobresaliente. Es verdad que se llevó el mejor lote, pero no es menos cierto que pareció un consumado experto en la lidia de los toros del mítico hierro. Una tarde para enmarcar, de principio a fin, que debe servir para reconducir la carrera del torero de Gerena.
2º) El encierro de Miura, salvo el complicado sobrero jugado en cuarto lugar, resultó excelente. Sorprendentemente colaboradores en la muleta, de haber estado la terna más fina con los aceros estaríamos refiriendo un resultado artístico escandaloso. Hacía muchos años que no aparecía por chiqueros una miurada que ofreciera tantas posibilidades de éxito a sus valientes lidiadores. Una corrida de premio, sin duda.
3º) Rafaelillo ha tomado el relevo de los grandes especialistas en la lidia de las llamadas corridas duras, y a su incuestionable valor une una dosis de conocimiento y técnica verdaderamente admirables. Pudo cortar la oreja al primero, con el que firmó una templada e intensa faena, y solventó casi sin despeinarse la complicada papeleta del sobrero cuarto. Como si tal cosa.
4º) Javier Castaño es otro torero interesante que se ha subido al carro de las ferias a través de las corridas duras. Su cuadrilla, brillantísima, juega un importante papel. Pero al final es él el que ha de ponerse frente al toro con muleta y estoque. Como su compañero Rafaelillo, Castaño evidencia un valor y una técnica que le permiten andar delante de estos toros con sobrada facilidad y dominio absoluto de la situación. Una tarde importante, de las que suman.

(Fotografía: Arjona / Toromedia).

20.4.13

La sangre, el peso, la llamada



En cuatro lances (11ª Feria de Abril de Sevilla)

Cuatro toros de Victoriano del Río, tercero sobrero, y dos, primero y segundo, de Toros de Cortés.
El Juli (cogido por su primero).
José María Manzanares (silencio en el que mató por El Juli / ovación / oreja con petición de la segunda).
Antonio Nazaré (ovación / dos orejas / ovación).
Lleno.

1º) La corrida de Victoriano del Río, a la postre, resultó el encierro de comportamiento más homogéneo del ciclo. A excepción del primero, que dejó fuera de combate a El Juli, el resto de los toros brindaron, con mayor nobleza, bravura o exigencia, una interesante tarde de toros, la más emocionante de largo.
2º) El Juli pagó con sangre su honestidad y entrega ante un toro que pareció menos malo en sus manos. Hasta que llegó el derrote traidor y certero que le abrió el muslo derecho. Mala suerte que nos priva de la presencia del madrileño en el esperado encierro de Miura. Se le desea una recuperación lo menos dolorosa posible y una pronta reaparición.
3º) Manzanares se las vio ante un quinto bravo, encastado, muy exigente, ante el que tuvo que colocarse el traje de faena y plantarle un trasteo de poder a poder. Solvente, gustándose incluso en el toreo en redondo, al natural no se vio un solo apunte, dadas las dificultades planteadas por ese pitón. Sin completar una excepcional feria, el de Alicante ha cumplimentado el expediente con pocas apreturas y la justa brillantez.
4º) Antonio Nazaré quiere ser torero y apunta a formar parte del pelotón de los buenos. Le gusta templar, torear por debajo de la pala del pitón y llevar largas las embestidas. Tiene muchas virtudes aunque debe corregir cierta tendencia a despegarse. Está empezando y está en el camino correcto; ayer lo tuvo en la mano. Paciencia, a seguir depurando cosas y aprovechando las oportunidades que, a buen seguro, se irán presentando.

(Fotografía: Arjona / Toromedia).

19.4.13

El pasado y el futuro



En cuatro lances (10ª Feria de Abril de Sevilla)

Cuatro toros de Daniel Ruiz y dos, cuarto y sexto, de Parladé..
El Cid (silencio  / silencio).
Miguel Ángel Perera (silencio / silencio tras aviso).
Jiménez Fortes (silencio / ovación tras aviso).
Dos tercios.

1º) Al final salió un primer toro de Daniel Ruiz que brindó un triunfo grande en bandeja, y dos remiendos de Parladé muy manejables que pudieron, una vez más, cambiar el sino de la tarde. Lo del lote de El Cid no encuentra justificación. El joven Fortes falló con la espada. Se salía de la plaza con la impresión, justificada, de que podrían haberse visto muchas más cosas.
2º) El Cid está, a día de hoy, muy lejos de lo que fue aquel torero poderoso, templado y, tantas tardes, triunfador rotundo. El primero fue un toro de dos orejas; el de Salteras no se acopló en ningún momento. La ovación al toro en el arrastre y el silencio sepulcral al torero a continuación lo dice todo. El cuarto, de Parladé, podría haberle servido para, al menos, maquillar la tarde. Pero nada.
3º) No ha tenido suerte con sus lotes Miguel Ángel Perera en sus dos comparecencias consecutivas. Toros completamente a contraestilo de su toreo de mando y muletazo largo y poderoso. No ha tenido opción ni de arrimarse con un mínimo de emoción. Se va Perera en blanco, cierto es, pero en esta ocasión bien poco se le puede achacar.
4º) Jiménez Fortes es un torero de futuro que atesora un valor fuera de toda duda. Además se empeña en torear por debajo de la pala del pitón. Si ante su primero no tuvo opción, el de Parladé que cerró el festejo sí le brindó la posibilidad de poner el broche de oro a la tarde. Ese toreo de poder y quietud, esas ganas y esa honestidad le valieron para cortar una merecida oreja. Lástima del fallo a espadas.

(Fotografía: Arjona / Toromedia).

18.4.13

Entre Luque y el de la música



En cuatro lances (9ª Feria de Abril de Sevilla)

Cinco toros de El Pilar y uno, sexto, sobrero, de Parladé..
Morante de la Puebla (ovación  / silencio).
Miguel Ángel Perera (ovación / silencio).
Daniel Luque (ovación / oreja).
Casi lleno.

1º) Decepción sin paliativos en cuanto al juego de la solvente ganadería de El Pilar, cuyos toros saltaron al ruedo de la Maestranza en plan colaboradores, nobles hasta decir basta, pero con una carencia de casta que se tradujo, lógicamente, en la muleta. Se dejaron hacer las cosas con el capote pero no brindaron un último tercio de garantías. Eso sólo lo permitió el sobrero de Parladé que arregló la tarde.
2º) Daniel Luque mostró su mejor versión, la que debe ser en un torero de sus posibilidades, ante el referido sobrero de Parladé, al que toreó con lentitud y compás, gustándose y gustando. Su debate particular con el director de la banda (¿a qué viene ese protagonismo, esos gestos?) se le volvió a su favor y terminó de poner al público de acuerdo. Con el plano tercero estuvo a la altura, esto es, plano y aburrido.
3º) Sin redondear triunfo, Morante ha despachado una Feria muy destacada. Ayer volvió a dejarnos verónicas y medias marca de la casa y, mientras los de El Pilar tuvieron fuelle, hasta muletazos de una lentitud pasmosa. Se le ha visto responsabilizado, con ganas. El brindis a Rivera Ordóñez puede esconder una grata sorpresa en la próxima edición de la Goyesca de Ronda. Seis toros para Morante, dicen. Eso sí que es una reconciliación por todo lo alto.
4º) Miguel Ángel Perera es otro de los toreros de la zona alta del escalafón al que El Juli tiene de los nervios, con lo que se fue las dos veces a la puerta de chiqueros a recibir a sus toros. No salió el toro de fondo que precisa el toreo del extremeño, que ha mejorado mucho con el capote y mantiene el valor intacto cuando se coloca con la muleta en los medios. Poco más.

(Fotografía: Arjona / Toromedia).

17.4.13

¿Y la emoción?



En cuatro lances (8ª Feria de Abril de Sevilla)

Toros de Victorino Martín.
El Cid (ovación  / silencio / ovación).
Daniel Luque (silencio / silencio / silencio).
Más de tres cuartos.

1º) A los toros de Victorino Martín les faltó raza y finales, con lo que la supuesta emoción que acompaña el mero anuncio de los astados de tan insigne encaste no apareció por ningún sitio. Corrida de Victorino grande, más de lo habitual por estos lares, que no planteó siquiera complicaciones insalvables. Una más, es probablemente lo peor que se pueda decir. Y son ya varios años sin que asome por los chiqueros de la Maestranza un toro de Victorino que responda a las expectativas.
2º) El Cid, consumado experto en estas lides (con los tres de ayer son ya 21 toros de Victorino los lidiados por el de Salteras en la Maestranza) resolvió casi sin despeinarse y de haber estado más certero con la espada habría cortado la oreja del quinto. Se le observó más resuelto, más solvente e, incluso, más relajado que en temporadas anteriores. Pero sin enemigo al que medirse de tú a tú resulta imposible llegar a los tendidos.
3º) El buen momento que atraviesa Daniel Luque no pudo refrendarse en un nuevo mano a mano que, parece, no termina de encajar para el torero de Gerena. Sin la claridad de ideas de su compañero, su debut con los toros de Victorino no pasó de discreto. Tampoco es que apretara el acelerador en exceso, pensando tal vez que tan solo en 24 horas tenía otra oportunidad para resarcirse. Esperemos que ante los de El Pilar se pueda calibrar el toreo, más asentado y maduro, que exhibió Luque en Valencia.
4º) Los mano a mano, si es que la fórmula terminara de asentarse en una plaza como la de Sevilla, tendrían que plantearse de otra manera. Por lo general suelen desarrollarse de un modo demasiado plano, con escasa competencia y, consiguientemente, escaso eco en los tendidos. Sobre el papel, los festejos con tres participantes ofrecen más alternativas, variedad e interés.

(Fotografía: Arjona / Toromedia).

16.4.13

Patrimonio de la tauromaquia



En cuatro lances (7ª Feria de Abril de Sevilla)

Toros de Núñez del Cuvillo.
Morante de la Puebla (ovación tras petición / ovación).
Sebastián Castella (ovación / ovación).
Alejandro Talavante (silencio / ovación tras aviso).
Lleno.

1º) Morante es un torero único, irrepetible, un auténtico patrimonio de la tauromaquia. La tarde que se marcó en la Maestranza fue un deleite desde que se abrió de capa en su primero. Claro que hubo momentos mejores que otros, cómo olvidar esa inenarrable media verónica al cuarto cerca de la puerta de chiqueros. Pero la disposición, la torería, la manera de enganchar delante las embestidas, de encajarse en los lances, de templar con la muleta... Qué decir de este dinamitador de adjetivos. Es mejor disfrutarlo, gozar y emocionarse.
2º) Sebastián Castella anduvo entregado toda la tarde, con dos portagayolas incluidas. Hubo de soportar, además, el severo agravio de actuar detrás de Morante, además de una severa paliza en el segundo después de perderle la cara en un remate con el capote Y, con su estilo, sus formas y sus cercanías, lo dio todo y no decepcionó. Tampoco es que pechara con el lote más propicio.
3º) Dos versiones bien distintas ofreció Alejandro Talavante. En el primero anduvo facilón y ventajista, toreando siempre a suerte descargada y sin llegar a los tendidos en ningún momento. Quiso recomponerse ante el buen sexto, al que recibió de rodillas frente a los chiqueros. Ahí volvió el Talavante profundo y ligado, imaginativo y con recursos. Perdió un justo trofeo por el mal uso de la espada.
4º) La corrida de Cuvillo, desigual de presencia, careció fundamentalmente de fondo. Tendieron a apagarse en la muleta, aunque justo es destacar la nobleza y calidad del jabonero que abrió plaza y la bravura encastada del que cerró el encierro. Con todo, es un hierro relevante al que cabe exigirle mejores prestaciones, en el sentido de mayor duración, más raza.

(Fotografía: Toromedia / Arjona).

14.4.13

Una tarde que se resiste


En cuatro lances (5ª Feria de Abril de Sevilla)

Toros, por este orden, de Núñez del Cuvillo, Domingo Hernández, Victorino Martín, El Pilar, y  dos de Juan Pedro Domecq, el quinto como sobrero..
José María Manzanares (ovación / silencio tras aviso / silencio / silencio / silencio / dos orejas).
Lleno de "no hay billetes".

1º) El momento mágico de la tarde se produjo (podía haberse producido antes, pero bien está lo que bien acaba) en los instantes previos a la salida del sexto. El público, puesto en pie, regaló una ovación de ánimo y cariño a José María Manzanares que, en prueba de gratitud, se dirigió a la puerta de chiqueros para recibir a portagayola al toro. Ahí comenzó a cambiar una tarde que se resistió hasta el final. Todos empujaron, público, torero y toro.
2º) Lo cierto es que la tarde le pesó a Manzanares, un torero dotado tal vez de escaso repertorio para un compromiso de estas características. Debió haber comenzado cortando algún trofeo al bueno, y terciado, toro de Cuvillo que abrió la corrida. Hubiera sido la mejor forma de liberarse y preparar al público para lo que estuviera por venir. El caso es que a partir de ese instante la tarde tomó una cuesta arriba que llegó a parecer irreversible.
3º) El toro de Victorino Martín sembró de dudas y emociones la plaza. Encastado, con carácter, sentó sus reales en el ruedo y puso en serios apuros a un lidiador de la talla de Curro Javier. Juan José Trujillo, en un ejercicio proverbial de vergüenza torera, firmó un antológico tercio de banderillas. Manzanares, en cambio, naufragó con la muleta en la mano ante el primer toro de Victorino Martín que lidia en su carrera.
4º) Ni el toro de El Pilar ni el sobrero de Juan Pedro que sustituyó al flojo de Toros de Cortés sirvieron para  remontar la tarde. Tuvo que salir el segundo juampedro, "Guasón", para posibilitar el reencuentro de Manzanares con Sevilla. Faena marca de la casa a la que le faltó, como a toda la tarde, la rotundidad habitual del estoque. Pero el público quiso ser generoso con el último esfuerzo de un torero al que la gesta de los seis toros le pudo salir rana.

(Fotografía: Arjona / Toromedia).